La Mamita es un personaje familiar y legendario para los amigos de
la bohemia, en la Ciudad de Guayaquil.
Qué me has dado, vida mía, que ando triste noche y día, rondando siempre tu esquina, mirando siempre tu casa.
Porque hoy me dices que ya estás arrepentida, que hiciste mal, que soy el todo de tu vida; pero ya es tarde para cargos de conciencia, y en el pecado llevarás tu penitencia.
Otros amores llegaron con su aurora a nuestra vidas, trayendo un nuevo edén; sin un reproche por sendas bien distintas, vos te marchas ahora y yo me iré, también.
Sin embargo, cual busca la tibieza del sol, la planta que enflorar ansia, persisto con afán tu compañía, para que des calor a mi tristeza.
Estrella fugitiva de mi anhelo, me llevas por desconocido cielo; detente, no me robes la alegría; sin tu influjo luminoso mi existencia es un destrozo. ¡Oh!, gitana,
son tus ojos mi guión. No te apartes del camino, bella luz que me ilumina, ¡oh! gitana, mi nocturno de pasión.
No hay como mi chica linda, por su cuerpo y por su andar, qué bonita es su mirada, y su sonrisa es un madrigal.
Hoy sé que por dinero, te entregas a otro hombre, dejándome a mí abandonado en esta soledad; pero no importa: si tú te burlaste de mi fiel cariño, mujer fatal, algún día la tendrás tú, que pagar.
Yo no pienso más que en ella, a toda hora, es terrible esta pasión devoradora; y ella siempre sin saber, sin siquiera sospechar, mis deseos de volver.
Quiero tenerte en mis brazos, tan sólo un minuto poderte besar; aunque después no te tenga y viva un infierno, tenga que llorar; aunque me mate la angustia de saber que fuiste y ya no serás.
Es preferible, si el amor asedia, cubrir de velo y olvido el corazón, evitaremos así que la tragedia se filtre en nuestras almas como una maldición.