Sin embargo, cual busca la tibieza del sol, la planta que enflorar ansia, persisto con afán tu compañía, para que des calor a mi tristeza.
No me mires más, que me haces daño; no me interesa ya tu cariño. Tú eres mala hembra, no tienes alma, tú no mereces que nadie te quiera.
Tenía que cansarme, alguna vez, de tus mentiras; tenía que cansarme de rogar todos los días; pero ahora soy feliz, ya no te quiero más, no busques mi perdón, vete de mí.
¡Qué distintos los dos! Tu vida empieza y yo voy ya por la mitad del día, tú ni siquiera vives todavía y yo ya de vivir tengo pereza.
No puedo verte triste, porque me mata tu carita de pena, mi dulce amor; me duele tanto el llanto que tú derramas, que se llena de angustia mi corazón.
Pero no me preguntes la historia de mi vida; mi vida comenzó cuando llegaste tú; porque, antes, en tus páginas, hay tantos desengaños, mentiras y fracasos en cosas del amor.
Ahora, comprendo que todo fue mentira; sus palabras creí, ingenuamente yo, que nunca me engañaba. Ahora estaré solo para no sufrir así las consecuencias de un amor tan fugaz, que solo pudo ser, solo, sueño fatal.
Qué odio más grande, me corre en las venas, por haber amado con tanta pasión... No me mires más, no me mires más.
Ahora verás lo que es tener las alas rotas, ahora sabrás lo que es llorar por la derrota; lo que me trajo tu maldad no tiene nombre; pero ha llegado, sin piedad, el contragolpe.
No me lo digas, lo veo en tu mirada que ha muerto tu cariño que no me queda nada; no me lo digas, ahorremos la torpeza de dar explicaciones que llenan de tristeza.